skip to main |
skip to sidebar
Fotografía: 50 y 50

A mediados de los 80s, el fotógrafo Steve McCurry se encontraba fotografiando en Afghanistán y cubriendo así el conflicto armado. En un campamento de refugiados, logró obtener la emblemática imagen de la niña afghana, que se convirtió en tapa de National Geographic, fue utilizada en postales, panfletos de amnistía, y otros.
Luego de 17 años, un equipo de National Geographic investigó e intentó seguir los pasos de esos campamentos hasta que finalmente pudieron resolver el misterio y develar la identidad de la niña afghana, ahora una mujer de 30 años, casada, con hijos y que se llama Sharbat Gula.
Comienzo con esta historia en la que quiero exponerles mis pensamientos de acuerdo a la fotografía de las personas o situaciones, de los premios y del reconocimiento.
Steve McCurry ganó reconocimiento, trayectoria y más, gracias -quizás- a esa fotografía. Sharbat Gula ganó una vida de miseria en una sociedad que aplana sus derechos humanos, mientras su imagen se paseó por carteles, postales, cuadernos, revistas y un sinnúmero de medios.
Claro que luego de haberla encontrado -después de 17 años- se abrió una Fundación de ayuda para las mujeres Afghanas. Pero es una lástima que hayan pasado más de 15 años y la dulce niña afghana recién ahora pudo ser encontrada y situada en el mapa.
Es una lástima que esa mujer NUNCA vio una fotografía suya, y cuando finalmente lo hizo, había sido se trataba una de las fotografías más reconocidas y emblemáticas del mundo. Es una lástima, que la mitad de su vida le pasó de largo y quedó estampada en un recuerdo vago de su niñez.
A mí no me gusta "traficar" con fotografías de personas que no volveré a ver.
Mi pensamiento es simple... para una fotografía yo pongo la cámara, los lentes, el trípode, las luces, los flashes, etc. Sin embargo mientras no tenga algo frente al lente, pues: no tengo una fotografía. Entonces, para mí es una relación de 50-50.
Por eso cuando me piden que exponga mi trabajo, sobre todo en la fotografía de la realidad, de los niños, de la gente del campo o de los indígenas, me niego rotundamente. No me parece razonable que se gaste dinero en impresión de fotografías, en el enmarcado, en el alquiler de un salón de exposiciones, en el vernissage... para qué? para que un montón de gente estreche mis manos? para que yo me lleve los elogios? para que mi apellido quede plasmado en un diario? No lo creo.
Es una lástima que el material que tengo sólo puede formar parte de mi blog, donde puedo compartirles mi experiencia, donde a través de las imágenes puedo denunciar la realidad y desnudarla, aunque sólo a veces no pueda conseguir ir más allá del disparo.

Personas de la Comunidad indígena de Ypeti-Tajy, departamento de Caazapá.
Es una lástima que ninguna ONG o Centro Cultural, apoye o se interese en lanzar libros o calendarios que puedan venderse para que esos niños y esa gente que me regaló su 50% frente a mi lente, puedan salir beneficiados.
Es una lástima que muchos fotógrafos lo hacen por el reconocimiento o el dinero, sin que les importe mucho esa ventana a la intimidad de una persona, que están abriendo. En mi caso condicionaría absoluta austeridad en un lanzamiento, o en alguna promoción de un material donde utilizarán mi trabajo, y demás está decir, siempre y cuando las personas retratadas obtendrán ese beneficio que espero lo hagan.
Y así también, llegamos a los concursos o a los premios, y ahí para mí es obsceno. Es obsceno cómo se trafica con la imagen ajena, se trafica con el dolor, se trafica con el espanto.

Kevin Carter, fotógrafo nacido en Sudáfrica durante las duras épocas del apartheid tuvo una ocasión en que el destino le puso ante este dilema moral, un dilema que es fácil plantearse entre la gente que lo mira desde afuera.
En un viaje por Sudán encontró a esta niña moribunda y desnutrida, mientras un cuervo acechaba en el fondo. La imagen le valió elpremio Pulitzer a Carter, pero luego le sobrepasaron las preguntas del porqué había tomado la foto y no ayudado a la niña. Más allá de la escena, el trabajo que Carter venía haciendo como corresponsal fotográfico durante aquella atroz época en África, había permitido ubicar en el mapa la situación y la crueldad de la guerra civil en ese olvidado continente, y puso al mundo en vilo y alarmado ante los hechos, gracias a Carter y su grupo de compañeros fotógrafos, lograron transportar el dolor y la carnicería humana a cada hogar, lograron sensibilizar a una buena población mundial. Carter ganó el premio, el reconocimiento, pero bajo el lema "una de cal y otra de arena" también ganó el rechazo y la desaprobación ante el dilema moral.
No pudiendo soportar tiempo después la muerte de un compañero de fotoperiodismo con quien compartió varios años, y además el acoso constante a donde iba con la pregunta ¿Por qué no ayudaste a la niña?, Carter decidió quitarse la vida y alcanzar finalmente la paz. Todo por una fotografía.
Es fácil desde afuera y sin conocer los detalles del día a día de un fotógrafo que se enfrenta a situaciones devastadoras y aquellas que apeligran su vida, opinar y creer saber lo que hubiesen hecho en ese momento. Pero el caso de Carter es un caso muy complejo que sólo nos desviaría de mi análisis, tan sólo lo utilicé de ejemplo para tener en cuenta a aquellos que ganan premios con imágenes desgarradoras y que rompen el corazón. Es una lástima que los premios Pulitzer se volvieron un almacén de relatos conmovedores e imágenes que bajo la bandera de lo artístico, llevan cargadas a sus espaldas el velo de lo morboso. Es una lástima que fotógrafos inflan sus egos, en lo que yo entiendo como "traficar" con fotografías de personas, con el dolor y con el espanto.
Agradezco los concursos en donde se opta por premiar fotografías de paisajes, de naturaleza, y de aquellas cosas que tenemos alrededor. Con las guerras o tragedias, el dolor, el espanto y lo desgarrador seguirán existiendo, lo bello de la naturaleza no sabemos, mientras guerra y tragedia permanezcan.

Tampoco rechazo el fotoperiodismo en sí, porque como la obra de Carter ayudó a mostrar al mundo una realidad -en "realidad" aquella realidad (valga la redundancia) que nunca nos afecta directamente, hasta que pasa cerca nuestro-, por lo tanto sólo sirve para que la noticia se conozca, la situación sea pública y los editores y gerentes de medios duerman con la conciencia tranquila sin dejar pesares y horas en blanco en su almohada. Pero sí rechazo el hecho del fotógrafo que resulta premiado, reconocido y con ello se le abren más oportunidades, gracias al dolor y tragedia ajenos.
El caso del niño Enzo Bobdilla, rescatado por el oficial Juan Duarte en la tragedia del incencio del Ykua Bolaños en 2004, es un ejemplo de fotoperiodismo que no busca ufanarse ni sacar provecho o réditos por la imagen, sino que es un claro ejemplo de la fotografía periodística que en medio de una tragedia rescata lo bueno, lo admirable. Es una imagen que enalza el valor, la esperanza y encierra una historia que quedará marcada en la vida de ambos protagonistas para siempre. Sinceramente, para mí, es una de las mejores fotografías periodísticas que conozco de mi país. No me muestra el dolor ni la tragedia, aunque la imagen esté ocurriendo en medio de ella, sino que me muestra esperanza y coraje.

Y finalmente no se me ocurre otro ejemplo para mostrar el lado inverso. El que no se analiza, el que hoy en día es difícil de controlar debido a la masividad de las Redes Sociales y la facilidad con que el nadie se convierta en alguien.
Larissa Riquelme, nuestra compatriota, fue lanzada al mundo y fue noticia mundial durante la World Cup de Sudáfrica. Sin embargo un fotógrafo fue el responsable de ubicarla en el mapa, fue el ojo de ese fotógrafo que dio todo lo posible de su parte para que ella sea conocida en lugares donde no saben ni pronunciar nuestro país o no tienen idea del continente donde se encuentra. Podrán decirme que fue la prensa de Italia la que utilizó la foto, podrán decirme que el editor tuvo algo que ver, pero no, fue el ojo del fotógrafo que tomó una imagen elocuente en el momento preciso: estamos hablando de fútbol, del mayor espectáculo mundial en ese aspecto, y qué mejor que combatirlo con lo único que podría hacernos desviar la vista del campo de juego, sí, el físico de una hermosa y voluptuosa mujer en conjunto una situación inesperada. El resto ya es historia que conocen.
Pero así Larissa ganó reconocimiento, saltó a la fama, ganó mucho dinero y lo seguirá haciendo. No estoy objetando ese hecho ni esperando que la división de ganancias sea 50-50, porque todo lo que vino fue "después" de la fotografía. Pero convengamos que el puntapie inicial fue ahí, y el fotógrafo no tuvo ningún reconocimiento, sobre todo por parte de la beneficiada.
Es así lastimosamente, cada uno lleva agua a su molino, hay fotógrafos que buscan premio, buscan reconocimiento, buscan lucro, buscan el beneficio personal a través de las imágenes ajenas, así como habrá Larissas que encontrarán ese beneficio personal sin nunca agradecerlo.
Por mi parte, seguiré manteniendo mi ideología del 50-50, esperando que a muchos de Uds. les abra los ojos ante algo que parece tan simple y banal.
Gracias por perder unos minutos de tu tiempo con mi relato :)
10 comentarios:
como diría un entrañable amigo "buitres con pico de reflex"
muy bueno
Capo! Duele decirlo, pero...
Excelente Zen! Eso de ganar con desconocidos es muy común...así tambien hay que plantearse el caso de aquellos fotógrafos que falsifican una realidad en una determinada situación para sacar beneficios.
excelente!
La fotografía es algo serio!.. http://www.youtube.com/watch?v=awq90APEVgw
Buenísima reflexión, gracias.Y te pido, por favor, que ayudes a aclarar un tema. Verónica Becker es la madre de la niña Annette Gaus Becker, quien está en los brazos del oficial de la foto tomada por Sebastián Cáceres. Esta niña murió después. También murió su papá Michael Thomas Gaus quien la cubrió con su cuerpo para defenderla del fuego. Pero sí sobrevivió la mamá, quien en muchas ocasiones ha aclarado la verdadera identidad del bebé en brazos del oficial Juan Duarte. El final de la historia no le quita mérito a su acción, pero es muy importante el derecho a la identidad, como vos mismo decís. La mamá la reconoció muy claramente, y una de las cosas que indicó fue la ropa de Annette, el osito color rosa y la mantilla que llevaba. Ojalá puedas hacer algo por circular esto. Gracias.
Excelente Zenoura soy una apasionada de las fotos . Y excelente la reflexión porque en varias ocasiones saqué fotos o sea instantáneas de aficionado y otras se prevaleció de ellas. Me encantó tu blog. Palabras acertadas. Fuerza!!!!
Muy acertado análisis. Gracias por compartirlo.
Publicar un comentario